Aula 28. Universidad de Murcia. 2005

Nuestra aula 28

Imagina que tienes diez años, que te has levantado rápidamente, que tus hermanos pequeños todavía duermen y que has bebido a toda velocidad un vaso de leche. Pero hoy no vas a las escuela, ni fuiste ayer ni irás mañana. Tu tarea por la mañana consiste en ir por agua hasta la fuente que hay a tres kilómetros. Y tienes suerte, no trabajas fuera de casa y tus padres no van a casarte contra tu voluntad. Pero no vas al colegio.

Eva Santos ha realizado una instalación en dos partes, la primera en la Biblioteca Central del Campus de Espinardo y la segunda en la entrada de la Biblioteca del Campus de la Merced, con motivo de las I Jornadas sobre Derechos humanos. Los derechos del niño. Aula 28 reflexiona sobre el principio séptimo de la Declaración de los Derechos del Niño: el derecho a la educación. Aula 28 no es una descripción emocionante sobre la vida difícil de los niños africanos o indios, que no tienen la oportunidad de ir al colegio, ni tampoco recita el artículo sobre el derecho a la educación tal como aparece en la Declaración proclamada por la ONU; ni se trata de un pretexto para la compasión autocomplaciente, ni de la exposición en letras doradas de un derecho por cuyo reconocimiento podamos sentirnos orgullosos.

Al contrario, la obra es en primer lugar una reflexión sobre el desigual, luego injusto, reparto de la educación en el mundo, y, en segundo lugar, una invitación a la reflexión sobre ese desigual e injusto reparto. Su autora lo hace poniendo a nuestra disposición elementos que subrayan o sugieren aspectos del problema que habitualmente no tenemos en cuenta, que nos pasan desapercibidos. Aunque reconocemos los derechos del niño, aunque además conocemos las estadísticas, ya de por sí elocuentes, sobre la tasa de escolarización y de su distribución geográfica, si conocemos los cálculos y reconocemos los derechos, si incluso ponemos rostro cada día a esos niños gracias a las imágenes de los media, lo que no solemos hacer es poner eso que ocurre en el mundo, sobre lo que tenemos información y hasta opinión, en relación con nosotros Y esa es la función del arte. Investigar en qué me atañe eso a mí, mostrarlo de modo que percibir esa relación se haga ineludible.

Esa es la razón por la que Eva Santos ha elegido en una institución docente como la universidad, y para celebrar la proclamación de los derechos de la infancia, trabajar en una obra sobre el derecho a la educación. Por lo que ha preferido enfocar su obra sobre los datos estadísticos, que es un modo habitual de enfrentarnos a los problemas, en las facultades de economía, en los ámbitos políticos y, en general, al leer la prensa o al discutir sobre responsabilidades y soluciones. El dato esta claro: un inmenso 28% es la media de niños no escolarizados en las zonas más atrasadas del planeta en este aspecto. Por eso, en la primera instalación son también veintiocho de cien las tablas de pizarra que no están escritas y que dificultan la lectura del hermoso principio de la declaración de los derechos de niño. Es este tropiezo de la comprensión, que produce cierta incomodidad, lo que obliga al espectador lector, a considerar otros aspectos de la obra y de la cuestión, los aspectos materiales de la propia instalación y todos los que surgen en relación con el tema. En el mismo sentido, la instalación en la Biblioteca Nebrija traslada la cifra del veintiocho por ciento a veintiocho fichas de cien alumnos entre nosotros. ¿Quiénes de nosotros no habríamos estudiado? ¿Qué tareas nos esperarían en vez de cantar la tabla de multiplicar o jugar en el patio? Pero no se trata de ponernos en su lugar, sino desde el nuestro tratar de percibir las semejanzas y las grandes diferencias.

Francisca Pérez Carreño