El juego no se acabó. Sala Luis Garay. Universidad de Murcia.  2003  

El juego no se acabó

Los escondites y recovecos de su obra anterior, pequeñas construcciones en las que el lenguaje de la escultura abstracta parecía brotar de los rincones del espacio. Los azulejos y fragmentos de baldosines insertados en dichas piezas nos transportaban a cocinas, pasillos y dormitorios. De esos pliegues del suelo, dobles fondos y esquinas solitarias parece emerger su producción reciente, que nos ofrece una peculiar visión de los objetos que pueblan esos espacios vivenciales.

Su nueva serie de piezas nos acerca aun mundo de ensoñación adulta articulado a partir de sueños, juegos y realidades infantiles. Ambos mundos fluyen y se conectan en múltiples construcciones y ensoñaciones de la realidad y en el que la intuición se resiste a moldearse en razonamiento. A través de esa lente, los ambientes y los objetos amables del ámbito doméstico que elige como motivo de sus nuevas esculturas se tiñen –especialmente tras una segunda mirada- de un inquietante extrañamiento surrealizante.

En la dramatización del espacio íntimo y acogedor que Eva Santos nos propone, el frágil equilibrio, el balanceo peligroso e incluso el vértigo de algunas piezas parecen querer hablarnos de la fragilidad en la que se sustenta la idealización del hogar. Las pequeñas sillas y balancines sobre frágiles escaleras, los colchones sobredimensionados o la bañera asentada sobre una prominente arquitectura ofrecen un reposo no exento de desasosiego. El juego de construir un hogar entraña riesgos, sobre todo el peligro del fracaso.

“El juego no se acabó” remite al cuarto de las niñas y las casas de muñecas en las que la infancia es obligatoriamente feliz. Un esquemático vestido de niña de forma trapezoidal da cobijo y protección en su parte inferior a un salón y un dormitorio, recreados con pequeñas sillas y camas de color azul. Todo un mundo de rituales y juegos infantiles repetidos de forma mecánica, a los que se seguirá jugando en la edad adulta, pero probablemente en tonalidades más ácidas.

Jesús Martínez Oliva