Otras culturas-otras infancias.  Museo hidráulico Los Molinos del Río Segura. Murcia, 2005

Hace ya bastantes años, a finales de los 60,cuando estudiaba Filosofía y Letras en la Universidad Complutense de Madrid, el profesor de Historia del Arte Sr. Vadovinos nos hizo en la primera clase del curso una pregunta desconcertante para alumnos de 1º de Comunes: ¿qué es para ustedes el arte? Se supone que nosotros habíamos ido a la Universidad a aprender arte no a definir qué fuera el arte. Un gran silencio se produjo en el aula de más de 200 alumnos, y en medio de aquel parón tuve la osadía de levantar tímidamente la mano y afirmar: “El arte es provocación”. Lo que pasó después apenas lo recuerdo. Solo que el profesor me pidió, metiéndome en un apuro, que explicara lo qué era lo que quería decir.

Al final de los 60 en España no era difícil afirmar “el arte es provocación”. El contexto político de la fase final del Franquismo facilitaba el desarrollo no sólo de la contestación política y sindical, sino la aparición de movimientos artísticos y literarios de crítica social y de innovación formal. Y esto era entonces “provocación” en el arte, romper con las formas plásticas tradicionales u oficiales e introducir los conflictos sociales en la obra de arte.

Han pasado ya bastantes años desde la transición política en España, pero, en realidad, estamos en lo mismo, en el conflicto social, político y económico. La novedad es que la globalización de la economía, de los medios de comunicación, de la política y de la guerra nos han ampliado el contexto social del arte de manera abrumadora. Discriminación y exclusión social en las sociedades más diversas, guerras étnicas y petroleras, comercio internacional sin justicia, catástrofes medioambientales, conflictos interculturales, desigualdades sociales, discriminación laboral de la mujer y violencia contra los niños y de los niños soldadlos, son los nuevos escenarios del “arte como provocación”

A esto responde la exposición “Otras culturas, otras infancias” de Eva Santos, que es más que una exposición. Es, además, una propuesta didáctica sobre los Derechos Humanos y a la vez un programa de trabajo de “arte solidario” para el futuro en esa misma dirección. Es muy agradable y esperanzador conocer a personas como ella que creen en un mundo solidario y que están dispuestas a producir Arte con una función social de denuncia y de creación de alternativas sociales y morales.

Indudablemente la compasión es un sentimiento humano radical y una conducta moral elevada, pero la solidaridad requiere también de su expresión, de su plástica, de sus imágenes para hacerse efectiva, para avanzar, para ofrecer modelos de conducta moralmente dignos. Gracias Eva por tu estimulante propuesta.

Ángel Montes del Castillo